Investigación de la muerte violenta por ahorcadura y estrangulación

Análisis de la escena del crimen [1]

 
La ponencia consiste en los pasos que se toman en un investigación judicial ante una muerte violenta de dudosa criminalidad, debiéndose respetar las garantías procesales y constitucionales al preservar la escena del crimen y seguir un riguroso protocolo para el éxito de la pesquisa.

De este modo, se abarcan distintos aspectos, partiendo por el estudio del teatro criminal en líneas generales como así también la metodología investigativa a desarrollar en la muerte por ahorcadura y estrangulación; terminado la obra con una conclusión final sobre la materia.
 
Dr. Gastón Ezequiel Barreiro[2]

[1] Expuesto en la “1ª Jornada Internacional de Ciencias Forenses” organizado por la Asociación de Criminalística de la República Argentina (Bs. As., 13, 14 y 15 septiembre de 2006) y en el seminario “Suicidio – Muerte de causa dudosa” organizado por el Consejo de Graduados de Ciencias de la Criminalística y Forenses (Bs. As., 3 y 5 de octubre de 2006), obteniendo el segundo premio.-

[2] Abogado especializado en Derecho Penal y Constitucional (U.B.A.), Especialista en Investigación Científica del Delito y en Criminología (I.U.P.F.A.), Docente Universitario (U.B.A. e I.U.P.F.A.), ex Investigador (I.U.P.F.A.) y Secretario del Cuerpo de Secretario de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal.-

Investigación de la muerte violenta por ahorcadura y estrangulación
 
Análisis de la escena del crimen [1]
 
(Por Gastón Ezequiel Barreiro)[2]-[3]
 

I) Introducción.-
La criminalística es la ciencia que estudia los indicios dejados en el lugar del hecho, a través de los cuales se intenta establecer la identidad del criminal y las circunstancias que se desarrollaron en el acto delictivo (Guzmán, C; 2002).
El crimen es tan antiguo como la existencia del hombre y el criminal ha intentado siempre esconder su culpabilidad. Con los tiempos se han utilizado diferentes métodos para investigar los hechos y castigar al criminal. La prueba de la culpa ha ido modificándose con el paso del tiempo. Al principio podemos encontrar a las Ordalías y el Juicio de Dios (Soler, S. 1990), basándose luego en la confesión del sospechoso que era la probatio probatisima, la que generalmente era conseguida a través de la tortura.
En la actualidad predominan las pruebas aportadas por el hombre de ciencia, a través del análisis de indicios obtenidos del estudio de la víctima, del victimario y los revelados en el lugar del hecho.
La hipótesis fundamental de la criminalística es que el criminal siempre se deja en el lugar del hecho algo que de modo alguno pueda revelar la existencia de un delito y la identidad de su autor. Encontrar ese pequeño elemento, pero a la vez enorme constancia probatoria, es el objetivo de la mencionada ciencia.-
En la investigación pericial de un indicio se recorren tres etapas, a saber: la búsqueda en la escena del crimen; su recogimiento y envío al laboratorio; los exámenes analíticos, que llevan a su interpretación final.
Lo primero a tener en cuenta es que el hecho ocurrido no es actual. El esquema y la fotografía deben preceder a cualquier actuación y el primero en llegar deberá prohibir la entrada de terceros al recinto manteniendo la situación original.
El indicio es frágil. Mal recogido se vuelve inútil y tal vez se pierde la única prueba que hubiese identificado al autor del hecho pesquisado.
El valor de la prueba indiciaría es relativo, ya que los indicios pueden ser falsos, por intención del criminal o por alteración dada por manipulación ignorante. Aún en el envío y transporte al laboratorio pueden alterarse.
Toda actuación debe ajustarse a lo exigido por la ley en cuanto a la licitud de los procedimientos seguidos para obtener la prueba y en cuanto a la cadena de custodia.
El problema fundamental en la investigación criminal es establecer la identidad, lo que generalmente se hace por medios indirectos. Un sospechoso puede identificarse por el pelo, semen hallado en la víctima, sangre que derramó, instrumento que utilizó para la agresión, restos de vestidos, etcétera.-
La metodología para realizar la tarea en el lugar del hecho deberá ser la siguiente:
Interpretación antes de manipular, para hacer una correcta valoración del indicio es fundamental su estudio dentro del contexto del lugar el que se desarrollo el ilícito. Se debe realizar una observación minuciosa y objetiva, con esquemas, fotografías y/o video desde distintos ángulos para fijar la posición de los vestigios. Un dato importante es medir las distancias para evitar la distorsión de la fotografía.
Recogimiento, la diferente naturaleza de los indicios que pueden hallarse hace que deba emplearse una metodología distinta para cada caso. Las huellas dactilares son de máxima importancia, ya que ellas por sí solas pueden identificar a un individuo con un cien por ciento de certeza, ya que son únicas e irrepetibles en cada individuo (Albarracín, R.; 1.982). Los vestigios orgánicos también son de gran relevancia, tales como el pelo, fibras, mancha de sangre, orina, fluidos, de los que puede establecerse la identidad genética del agresor a través de su ADN. De igual modo, pueden hallar también pisadas, marcas de neumáticos, armas, vainas, u otros elementos factibles de peritar. Esta variedad de indicios hace imprescindible la necesidad de un equipo multidisciplinario especializado que estará constituido por el investigador, y expertos en balística, papiloscopía, rastros, fotografía, planimetría y medicina legal. Cada uno de los cuales tendrá la experiencia necesaria para trabajar en su disciplina. Todos los indicios recogidos deben ser cuidadosamente envasados y etiquetados.
Comprende el examen del cadáver, el estudio de las áreas circundantes, la recolección y protección del rastro y la huella.
Los principios básicos del lugar del hecho son los mismos de la autopsia médico legal, debe ser completo, metódico e ilustrado, siguiendo un orden científico preestablecido y documentado con el dibujo, el esquema y la fotografía.
 
II) Examen del lugar del hecho.-
Una vez constituidos en el lugar y delimitada provisoriamente el área involucrada, corresponde pasar a examinar al cadáver, el estudio de los sitios circundantes, la recolección y protección del rastro y la huella.
Los objetivos serán demostrar la existencia de un delito, identificar al criminal, elevar la huella, el rastro y el indicio al rango de prueba judicial y esclarecer las motivaciones y los medios que causaron la muerte.
El personal que interviene en el lugar del hecho debe constituir una unidad investigativa requiriéndose de sus componentes, idoneidad científica en sus respectivas especialidades, conocimientos básicos de los otros, mentalidad policial y reentrenamiento periódico, porque el crimen corre paralelo con el progreso humano. El equipo actúa en forma coherente y metódica bajo la autoridad de un instructor judicial.
No es conveniente equipos numerosos, salvo excepciones. Basta con el investigador, el médico legista, el fotógrafo, el especialista en rastros y el dibujante. Pero previo al ingreso de los mentados facultativos lo ideal es que una sola persona ingrese primero al teatro delictual para su debido registro. Para el caso vale recordar la frase ilustrativa enunciada por Locard “como sería de fácil todo lo que tengo que hacer si hubiese estado aquí antes de que ellos llegaran como una tropilla de búfalos y si no se hubieran revolcado por todas partes” (Locard. E; 1987).
Se debe diagnosticar adaptando los razonamientos a los hechos. Cada caso ha de considerarse un caso sui generis porque el homicidio no se repite jamás en idéntica forma.
Hay en la Léve du Corps una trilogía inseparable: examinar el lugar, autopsiar el cadáver y retornar el lugar. Solo así se podrá responder el cuestionario clásico: qué pasó, cuándo, cómo, quién lo hizo y por qué.-
El lugar del hecho es un recinto sagrado. Es tan importante lo que debe hacerse como aquello que debe evitarse en pro de la investigación.
El teatro delictual es aquel sector del espacio físico en el cual se materializó el acto criminal. Es más amplio que la zona que rodea al cadáver. No tiene límites precisos, se debe usar el criterio lógico para delimitarlo. Al respecto podemos hacer una subclasificación en escena del crimen primaria y secundaria. La primera es el lugar exacto y concreto en el que se perpetró el ilícito. La otra guarda relación con el área o zona donde fueron hallados elementos del injusto penal y, a veces, hasta la propia víctima, sin que allí se ejecutara la conducta delictiva investigada (Barreiro, G; 2006).
La condición esencial para alcanzar el éxito es aislarlo rigurosamente, nadie puede entrar en el sitio donde se ha cometido el crimen, la movilización de un objeto de su lugar primitivo puede llevar al investigador por el camino equivocado.
No se debe permitir el ingreso al lugar de terceras personas, ni siquiera familiares, ya que entre ellos puede encontrarse el autor, cómplice o encubridor. Nadie debe abandonar la vivienda cuando es de tipo colectivo, ya que el victimario puede llevarse del lugar indicios que pueden identificarlo. No se debe movilizar el cadáver. El personal auxiliar tiene órdenes estrictas de no deambular innecesariamente, tocar, mover o contaminar el lugar.
Es importante que tengamos en claro que el escenario criminal no puede reconstruirse jamás. Por ello debe anotarse la hora de aviso y de llegada, la de entrada y salida del lugar, y el tiempo que demandó la tarea. Por ello que “cada minuto de demora en la llegada del perito al lugar del crimen corresponde a un kilómetro que él se aleja de la verdad” (Locard, E; 1987).-
Se debe registrase los datos meteorológicos, habida cuenta que son factores vinculados a problemas de transformación cadavérica, data de la muerte y desaparición de huellas e indicios.
Inicialmente hay una inspección ocular primaria que se realiza en el momento de la llegada al sitio del suceso. Si el lugar es un descampado se describen las características generales del terreno, con sus vías de acceso, condiciones de transito y forma de arribo (auto, a caballo, a pie), la distancia entre el lugar donde se halla el cadáver y los senderos y cursos de agua cercanos (huellas, pisadas, con recolección de elementos que puedan relacionarse al hecho). Se recogerán muestras de tierra y flora (búsqueda de estos rastros en ropas y auto del victimario) y se averigua sobre fauna local (posibilidad de mutilación de la víctima por animales).-
Si se trata de un lugar cerrado, deberá especificarse si hay puertas y ventanas, si ellas están abiertas, cerradas o violentadas. Para el acceso al inmueble, de ser necesario forzar la entrada, se tomarán recaudos para no borrar huellas, cumpliendo con las máximas legales y constitucionales que protegen al domicilio (Barreiro, G.; 2006).
La primera etapa debe ser la observación, sin tocar ni modificar nada, describiéndose el lugar del hecho con la lustración de fotografías y esquemas, comenzando por continente (pisos, techos, puertas, ventanas) y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, luego se continúa con el contenido de la habitación, centrando la atención en la posición que ocupa el cadáver, la ubicación de objetos cercanos, distribución en el lugar y particularidades que presentan, el sitio donde se hallaran armas, prendas, manchas, la señalización de superficies en las que pueden hallarse huellas digitales u otros signos identificatorios; y, finalmente la detección de signos de efracción en el mobiliario.
Es importante anotar con exactitud la ubicación y distancia de todos los elementos en relación con el cuerpo. Para ello Kenyeres ideó el plano de abatimiento de paredes, que consiste en bosquejar la habitación y su continente en forma tal que paredes y techos se dibujan como si estuvieran en el mismo plano del suelo.
Luego vendrá la aproximación al cuerpo y el médico legista será el primero en hacerlo. En algún caso puede utilizarse un puente con tablones para no contaminar el área, toda vez que pueden existir huellas y rastros en zonas blandas y/o licuosas que terminarían siendo alteradas o borradas por la intervención negligente de la instrucción. Se realiza una observación general en cuanto a la posición del cadáver, signos de violencia, otros datos de interés, y se tomas vistas fotográficas del occiso.
Si el lugar del hecho es el exterior, el relevamiento topográfico se realiza armando una superficie en forma cuadrángula alrededor del cadáver, a distancia razonable según los casos.
Como bien se señalara párrafos arriba, es fundamental establecer si se trata del lugar donde se cometió el crimen o del lugar donde se arrojó el cadáver, es decir, si retrata de la escena primaria o secundaria.
Es frecuente que el homicida trate de ocultar el cadáver. La búsqueda del cuerpo en lugares donde se sospecha pudo haberse cometido un injusto penal, lo que pone en juego la habilidad y experiencia de los investigadores.
Si la víctima no aparece, es importante hallar en el sitio indicios fehacientes de que allí se ha cometido un acto delictivo. Es importante obtener huellas y rastros que permitan comenzar la acción policial.-
Existen casos donde lograr hallar el corpus criminis se torna el objetivo principal. El homicida puede descuartizar a la victima, incinerarla, sumergirla, ó, lo más frecuente, inhumarla. En éste último caso se usarán para la búsqueda perros rastreadores, máquinas especiales (topadoras, pala mecánica), que permitan explorar amplia áreas, según las particularidades del suceso en cuestión.
En la ciudad, el lugar para ocultar cuerpos suelen ser sótanos, cocheras, patios, pisos recientemente construidos. En general la inhumación no suele ser perfecta, casi siempre es de escasa profundidad y sin envolturas. Entonces, cuando se localiza exactamente el lugar del entierro deben tomar precauciones para la exhumación (minucioso trabajo para no afectar el cadáver ni sus ropas). Se actúa imitando a los arqueólogos, señalizando el lugar con estacas unidas con cordeles y abarcando una zona más amplia. Se descubriendo la tierra de la periferia y tamizando, en búsqueda de probanzas. Además debe procurarse que el cadáver quede ubicado como en un pedestal. Luego con tablones se levanta el cuerpo sin modificar su posición, así se embala en bolsa plástica hacia la morgue (Raffo, O; 1987).
Generalmente se comienza examinando primero el cadáver y luego el área, ya que la forma de la muerte es la que obliga a mirar en derredor, para buscar arnas, huellas, u otros elementos vinculados con la causa del deceso y sus posibles autores.
Al examinar el cadáver se debe describir la posición del mismo aclarando el decúbito y la posición de miembros y cabeza. Verificar la coincidencia de livideces con el decúbito o la probable transposición de estas (si se ha movilizado el cadáver).
Es importante verificar si hubo espasmo cadavérico si está presente, el que fija la actitud vital del sujeto al momento de la muerte (Patito, J; 2001). Es así que sin tocar, primero se fotografía al occiso. Luego se realiza el examen visual de las ropas y luego se desvestirá en orden, sin romper la vestimenta y siempre pensando probables zonas de roturas de la mismas en relación al hecho. Se guardan en bolsas para enviar al laboratorio, evitando la contaminación de las prendas incautadas.
Posteriormente se examina el lugar donde apoyaba el cadáver. Al examinar el cuerpo sin vida se describirá el hábito externo, características morfológicas, estado de nutrición, grado de desarrollo ósteomuscular, constitución, grupo racial, edad aparente y señas particulares. Se debe determinar la data de la muerte (livideces, enfriamiento, rigidez cadavérica, modificaciones por putrefacción). Existe la fórmula de Vibert que tiene aplicación cuando predominan los fenómenos cadavéricos inmediatos, la que a grandes rasgos puede determinar: a) si el cuerpo aún está caliente, no hay rigidez, no hay livideces, la muerte fue reciente y data aproximadamente de 6 a 8 horas; b) si el cuerpo está frió, rígido, con livideces, sin signos de putrefacción, la muerte data aproximadamente entre 24 y 48 horas; c) cuando la rigidez desaparecida, y surgieran mancha verde abdominal, gases que comienzan a desarrollarse en abdomen, la muerte data aproximadamente más de 36 horas.
Estas son normas generales de utilidad práctica. Los cálculos son siempre aproximados, su fidelidad quedará condicionada por el tiempo transcurrido entre la muerte y el momento que se estudie el cadáver.
Luego se buscarán signos de violencia externa, en caso de encontrar lesiones deben describirse en totalidad, con su localización topográfica en relación a reparos anatómicos y sus características (forma, dirección, largo, ancho, regularidad, bordes, labios, etc.).
La investigación del homicidio o otra forma de muerte violenta es el objetivo principal que se persigue por lo tanto el requisito fundamental es la exploración minuciosa del cadáver en su totalidad. El cuerpo se examina integralmente desde el extremo cefálico a los talones. Luego se realizará la autopsia médico legal para determinar forma y mecanismo de muerte.
Concluida esta etapa, se marca el suelo donde se encontraba. El examen del área circundante se hará en todo el espacio necesario para esclarecer el crimen, el que no incluye solamente la superficie que ocupaba el cadáver y su entorno. Para recoger pruebas, precisar su ubicación y establecer relaciones de distancia con respecto al fallecido se idearon muchos métodos de trabajo:
a) el Plano de abatimiento de Kenyeres (descripto anteriormente);
b) el espiral, donde el cadáver ocupa el punto central y el investigador siguiendo el sentido de las agujas del reloj centrípetamente registra el área hasta llegar al cuerpo. Método de exploración y recolección de indicios;
c) el croquis de coordenadas, donde se tiende una coordenada, marcando norte y sur, en el centro se ubica el cadáver y se trazan ordenadas hacia los elementos considerados importantes. Método que aporta datos de localización y de distancia; y
d) el tablero de ajedrez, se cuadricula el lugar planimétricamente y se rotulan los casilleros con número o letra. Esta metodología se usa tanto en los lugares abiertos como cerrados. Es preciso, simple, objetivo y de fácil interpretación, lo que permite explorar áreas amplias, localizando y detallando con precisión cada uno de los sectores.
La planimetría total se presenta a la instrucción en forma ordenada y con referencias marginales.
Se requieren mediciones instrumentales y habrá que orientar el lugar con brújula indicando puntos cardinales.
La fotografía es muy importante, “una buena fotografía del escenario es una reconstrucción permanente que siempre está disponible” (Sodeman) y deberá ser panorámica y de aproximación. Tendrá que realizarse coordinadamente con los esquemas del lugar.
 
III) Ahorcadura y Estrangulación
El término asfixia etimológicamente deriva del griego y significa literalmente “falta de pulso” (a = sin o falta o ausencia; sphyzo = pulso o palpitación).
En la literatura médico-legal se denomina asfixia a la detención de la función respiratoria, la cual puede producirse por alteración en distintos niveles de su dinámica, dando como resultado hipoxia tisular -déficit parcial de oxígeno- o anoxia -déficit total- (Achaval, A.; 1993).
Determinadas la muerte por falta de oxígeno, una de sus variantes es la asfixia mecánica son una causa violenta de muerte caracterizado por el impedimento mecánico de la función respiratoria.
1. Muerte por ahorcadura.—
Es la muerte violenta producida por la constricción del cuello, ejercida por un lazo sujeto a un punto fijo sobre el cual ejerce tracción el propio peso del cuerpo. Los lazos utilizados en esta forma de muerte son de diversos tipos y materiales pero comparten la presencia de un nudo que puede ser fijo o corredizo. Los lazos pueden ser blandos, rígidos o duros y esto se reflejará en las características del surco.
Teniendo en cuenta la posición relativa del nudo respecto del cuello de la víctima, o del cuerpo en relación a su entorno se distinguen distintos tipos de ahorcadura.
Ella puede ser completa cuando el cuerpo se encuentra totalmente suspendido, sin ningún punto de contacto con el suelo u objeto circundante. En cambio si alguna zona corporal toma contacto con algún punto de apoyo del entorno, ella será incompleta. Es bastante frecuente, en algunas series son más frecuentas que las completas.
Por otro lado, debemos destacar las ahorcaduras simétricas, que se dan cunado el nudo se encuentra sobre la línea media del cuerpo, en posición submentoeana ó en la nuca. En las asimétricas, el nudo se encuentra lateralizado a izquierda o derecha. Son más frecuentes.
Finalmente, hallamos a las típicas, en las que la ubicación del nudo es en la región posterior del cuello, mientras que en las atípicas el nudo puede ubicarse en posición submentoneana ó lateralizado.
2. Muerte por estrangulación.—
Es la forma de deceso violento producida por la constricción del cuello mediante la aplicación de una fuerza activa que actúa por intermedio de un lazo, las manos, el antebrazo o cualquier otra estructura rígida. De acuerdo a ello, existen variedades de estrangulación, destacando las efectuadas a lazo, a mano y antebraquial.
 
IV) Metodología para la investigación criminalística en la muerte por Ahorcadura.-
Cuando se investigan muertes violentas por cualquiera de las formas de asfixia, debe recordarse la aplicación de la metodología general de investigación en el lugar de los hechos recomendada para estos casos.
Ella se circunscribe a cinco pasos esenciales: protección del lugar, observación del mismo, la fijación de la escena del crimen, la recolección de evidencia y el suministro de ella al laboratorio.
En los hechos de ahorcamiento se debe localizar, examinar y verificar los elementos típicos de cada caso en particular, a saber: agentes constrictores; puntos de apoyo; ubicación y características de nudos; muebles y objetos para probable escalamientos; probables recados póstumos; lesiones, huellas y signos en la víctima; y las ropas y objetos circundantes.
1. Agentes constrictores.—
Sobre estos puntos, cabe señalar que los agentes constrictores más comúnmente usados son sogas, vendas o medías, cuerdas de cortina, cables eléctricos, cortinas, prendas de vestir, corbatas, sábanas, toallas rasgadas, cordones de algodón y cadenas.
Se observa un extremo atado al cuello de la víctima y el otro extremo atado a un punto de apoyo. El asa que se forma para atar el cuello generalmente lleva un nudo corredizo o fijo, de media llave, de palo, llave entera o cualquier otra forma dependiendo de la dedicación laboral y conocimiento de la víctima o victimario en la elaboración de nudos. Las asas pueden ser sencillas, dobles o triples.
Este no es un punto menor; todo lo contrario. Nos brindará una aproximación casi certera en cuanto si nos hallamos parados frentes a un suicidio o un homicidio (doloso o culposo), averiguando las habilidades que tenía la víctima respecto de los nudos. Si carecía de ellas nos orientará la pesquisa hacia un probable homicidio.
Es por ello que el agente constrictor deberá ser remitido junto con el cadáver, en lo posible sin ser retirado del cuello.-
2. Puntos de apoyo.—
El otro extremo del agente constrictor está atado a un punto de apoyo formando amarre con cualquier tipo de nudo de los anteriormente mencionados.
Éste siempre se encuentra en un plano superior a la cabeza y al cuello enlazado, pudiendo ser un puede ser un tubo de ducha, picaporte, travesaño de madera, manija de ventana, tubería de agua o gas, llave de lavamanos, clavos en muros, toalleros, percheros, vigas, barandas, ó cualquier objeto sobresaliente de muros y techos.
En algunos casos, en los puntos de sostén no se ata el agente, sino solo interviene de apoyo, cuyo extremo contrario al asa va atado a otro objeto fijo.
3. Ubicación de los nudos.—
Ellos pueden ser anteriores, posteriores y laterales respecto de la ubicación con el cuello del occiso.
4. Muebles y objetos de escalamiento.—
En el lugar de los hechos cuando se realiza un ahorcamiento con suspensión completa o incompleta, casi siempre se encuentra en el piso circundante a la víctima algunos de los siguientes elementos: bancos, sillas, muebles, tablas, camas o cualquier objeto que use victima en vida para escalar, preparar el mecanismo mortal y suspenderse.
Se recomienda aún con el cadáver suspendido observar la disposición del cuerpo, del lazo y punto de suspensión. Se medirá la talla del ahorcado, la distancia de pies al piso, la altura del punto de suspensión y la longitud del lazo. Luego se describe el modo en que está hecho el nudo del asa del cuello y en el punto fijo, los objetos circundantes, y se realizan fotografías.
En suspensiones incompletas los puntos fijos se hallan bajos en relación a la cabeza de la víctima y al alcance de las manos de ella, y casi no se usan los muebles de escalamiento; pero pueden hallarse. Debe investigarse si el lazo es extensible y sí se alargo progresivamente o si por el contrario siempre fue ahorcadura incompleta.
Es válido aclarar que en ocasiones por las convulsiones y el peso corporal pue0erromperse el lazo y el cadáver estar en el suelo.
5. Recaudos póstumos.—
Esta pieza investigativa considerada como un indicio escritural confeccionado ante mortem por las personas que se privan de la vida, con objeto de hacer aclaraciones, despedidas, solicitudes o deslindar responsabilidades. Están considerados como un recurso de las víctimas en vida, a fin de hacer sentir sus deseos después de la muerte.
No está demás decir que debe tenerse presente probables falsificaciones o simulaciones. Son útiles como evidencia física cuando esta plenamente comprobada su autenticidad por medio de estudios scopométricos y caligráficos comparativos e identificatorios de sus escrituras, firmas y signos.
6. Lesiones externas e internas de la víctima.—
Se realizará el examen del cadáver en forma externa, buscando las lesiones típicas a nivel del cuello (surco), lesiones internas que justifiquen esta modalidad de muerte, estableciendo fundamentalmente el carácter intravital de las mismas y la existencia o no de lesiones extracervicales que puedan corresponder a lesiones de violencia.
7. Ropas y objeto circundantes.—
La vestimenta del cuerpo sin vida y la presencia de fotos, dibujos o elementos de contenido erótico pueden sugerir la variedad sexual de ahorcadura, generalmente de etiología accidental.
No son comunes los ahorcamientos homicidas. En algunos de ellos quizá no se manifiesten otras lesiones físicas, ni signos de violencia, así como tampoco evidencias materiales en el lugar del hecho que hicieran sospechar en otros mecanismos o maniobras; esto se debe fundamentalmente a que el o los autores del hecho hubieran preparado el escenario para simular ahorcamiento suicida y enmascarar la escena. Se debe considerar que en estos casos, previo a la suspensión, podría existir pérdida de conciencia por contusiones, ingestión de sustancias tóxicas, alcohol etílico o suministro parenteral de drogas. Por ello se recomienda además de los datos de la autopsia los exámenes toxicológicos en sangre, papilla alimentaria, orina, pool de vísceras, con el fin de identificar algún agente externo utilizado de apoyo o directamente para causar la muerte. En la actualidad, éstos estudios son de rigor en las autopsias practicadas por el Cuerpo Médico Forense de la Justicia Nacional, e incluso en los casos de muerte por dudosa criminalidad.
Asimismo, la experiencia indica que en caso de etiología suicida, suelen encontrarse en el cadáver previas de otros intentos de suicidio y también láveles elevados de alcoholemia o droga, denotando un importante consumo de estas sustancias en la vida cotidiana, debiendo indagar al respecto.
 
V) Metodología para la investigación criminalística en la muerte por Estrangulación
La muerte violenta por estrangulación es característica de homicidios, pero no podemos descartar la existencia de casos de suicidios o por accidentes.
Las maniobras que se realizan para consumar la estrangulación difieren cuando las etiologías son suicidio, homicidio o accidental. En la etiología homicida, el autor generalmente usa los mismos agentes constrictores que los utilizados para la ahorcadura (cables, lazos, vendas, etc.) ó sus propias manos. Cualquiera de los agentes son enredados al cuello de la víctima consciente o inconsciente y tirados ejerciendo fuerza muscular. En las maniobras llevadas a cabo utilizando un lazo se concretan en menor tiempo que las efectuadas con las manos, considerando desde el inicio hasta el final de dichas agresiones, toda vez que es generalmente el cansancio y agotamiento, tanto de la víctima como del victimario, lo que determina la conclusión del hecho, no sin antes haber existido alguna otra lesión previa de importancia que predispone generalmente a vivir ó a morir.
Por lo general los agentes constrictores son abandonados por el autor en el escenario del suceso, ya sea alrededor del cuello de la víctima, cercano o distante a ésta.
Cuando el autor de una estrangulación homicida realiza el ataque situándose por cualquiera de los flancos, retaguardia o vanguardia de la víctima, estando ésta inconsciente o si se trata de un recién nacido o corta edad, es difícil que hallemos signos de defensa por lo que no se registraran indicios, evidencias o huellas que indiquen forcejeo o lucha al momento de la agresión mortal.
Cuando la víctima esta consciente y cuenta con medios de defensa y los utiliza, es probable que produzca en el agresor excoriaciones dermo-epidérmicas por rasguño o arañazo, contusiones en antebrazo, mano y cara, estigmas ungueales, arrancamiento de cabello del agresor que puede hallarse en ropas, muebles, piso y manos de la víctima –sobre todo debajo de las uñas de ésta-, así como desgarros en las topas superiores. Es decir que, la estrangulación va precedida de violencia, que se traducirá en el desorden del lugar del hecho que deberá tratarse de la misma forma que para el ahorcamiento.
En la estrangulación homicida puede utilizarse la anestesia previa de Brouardel (golpe previo en la cabeza con pérdida de conocimiento) etílico y/o drogas (Achaval, A.; 1993).
En casos de estrangulación homicida cuyos cuerpos se hallen desnudos o semidesnudos en la región inferior, se debe verificar con exámenes meticulosos de los genitales y ano, toma de muestras y ropa intima, ya que puede ir acompañado de agresión sexual ante o post mortem.
 
VI) Algunos datos a tener en cuenta.-
El objetivo de este apartado es tratar de interpretar los distintos datos estadísticos reunidos por organismos internacionales, oficiales y organizaciones no gubernamentales, siendo un tanto diversas, habida cuenta que tampoco hay un recolección de información a nivel nacional que nos brinde los datos certeros sobre esta delicada cuestión.
Asimismo, de esta dispersa información podemos establecer las formas escogidas para quitarse la vida terrenal y los motivos que pueden llevar a las personas a tomar esta drástica decisión.
1. Estadísticas.—
Circunscribiendo el estudio al ámbito de la ciudad de Buenos Aires, el Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de la Nación realiza aproximadamente unas 3.000 autopsias anuales, de las que un poco más del 10% corresponden a suicidios (Cohen, R.; 2003). Concretamente, entre el mes de enero y agosto de 2003 se efectuaron 2.053 autopsias, de las que se determinó que 216 de ellas correspondían a la muerte violenta por suicidio, es decir el 10,52% de los estudios practicados.
La Argentina para el año 1994 registraba 11,3 casos sobre 100.000 habitantes, cifra que en los últimos años no sólo se ha mantenido sino que va en ascenso, ocupando en esta estadística el segundo lugar la franja etaria que oscila entre los 20 y 25 años de edad (Cohen, R.; 2003). En efecto, según un informe publicado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Bueno Aires, en la década el ’90 la brecha abarcada entre los 15 y 24 años se incrementó del 1,5 al 6,1 casos sobre 100.000 habitantes (Lado, M. I; 2006 – Liendro, C.; 2005).
Esto último no es un dato menor, puesto que para 1978 estas edades estaban en tercer lugar con un 31% de los casos de suicidio (Marenco Negui, J.; 2002).
Asimismo, podemos hacer una subdivisión por género en los supuestos judiciales en los que se investigó una presunta instigación al suicidio, siendo una relación 2/1 en los hombres, mientras que en las mujeres es de 4/1 en la extinción de la vida por modus propio (Cohen, R.; 2003 – Marenco Negui, J.; 2002).
Estas estadísticas no son simplemente un número frió; por el contrario, según las Organizaciones Panamericana y Mundial de la Salud (O.P.S./O.M.S.) el suicidio es la tercer causa de muerte en el mundo en las personas que tienen entre 15 y 35 años (Adital; 2005). Los primeros lugares los ocupan en Europa los países escandinavos (20/100.000h.), en Latinoamérica Cuba (18,1), Uruguay (15,9) y la Argentina 11,3 -año 1994- (Lado, M. I; 2006 – Cohen; R, 2003), lo que es un dato más que importante para tener en cuenta socialmente, pero en particular en una investigación judicial al momento de establecer la hipótesis de muerte.
2. Medios empleados.—
Las formas escogidas por los suicidas pueden variar según cada caso, analizándolos, en especial, la etiología de la muerte por asfixia mediante ahorcamiento.
Los médicos forenses Cohen y Marenco Negui (2003-2002, respectivamente) hace una clasificación en asfixias (ahorcamiento y sumersión), intoxicaciones (drogas, venenos y gases) y traumatismos (precipitación de altura, atropellamiento y armas de fuego y blancas). En las subclasificaciones mencionadas la más escogida es el salto al vacío o contra vehículos -trenes o automotores- en movimiento representando el 35,18%, le sigue la utilización de armas de fuego con el 31,02% y en un tercer lugar la muerte por ahorcadura con el 20,83% de los casos estudiados por los citados facultativos. Asimismo, cabe decir que los métodos violentos (últimas dos especies) son escogidos por los hombres, mientras que forma adversa (la restante) por las mujeres.
En cuanto al tema en estudio, la muerte por la ahorcadura ha sido la empleada en 8 casos durante el 2004 en la localidad de Chamical, provincia de La Rioja, por jóvenes de sexo masculino de entre 16 y 21 años (Liendro, C.; 2005).
Estas formas nos marcarán un indicio importante al momento de emprender una investigación criminal sobre la causa de la muerte, a fin de determinar si existió o no la participación de terceras personas.
3. Motivos.—
Por ultimo, una información que no debe descartarse bajo ninguna circunstancias es el motivo por el cual el occiso arribó a concluir con su existencia física. Entonces efectuando una autopsia psicológica nos acercará al descubrimiento de la verdad material, que es el objetivo de toda pesquisa penal.
Cabe destacar que hace unos treinta años los motivos por los que se tomaba la decisión de quitarse la vida eran distintas a las actuales. En esa época Vázquez Fanego destaca que se debía en primer lugar a enfermedades terminales o incurables -lo que era confirmado en la autopsia- y en un segundo nivel los cambios socioeconómicos. En la actualidad el orden de prelación se invirtió, sumándose los trastornos mentales y psíquicos que ello acarrea (Cohen, R.; 2003).
En esa inteligencia de ideas, las enfermedades psicosociales o enfermedades de la civilización, la falta de objetivos, el consumo de drogas, la inexistencia de modelos y valores, surgen como desencadenantes del suicidio (Lado, M. I,; 2005).
En lo que atañe a los adolescentes resultan factores de riesgo las crisis familiares, la falta de comunicación con los padres, divorcio, separación y violencia física. (Marenco Negui, J.; 2002).
En un Congreso sobre suicidio en la Facultad de Psicología (U.B.A.), señalan que Malvinas Argentinas, municipio del Gran Buenos Aires, tiene uno de los índices más altos en suicidios adolescentes. En las escuelas los docentes no son capacitados, para que puedan dar respuestas integrales a las nuevas problemáticas de violencia. Falta integrar las áreas de educación, salud y los juzgados de menores. Pero sí los docentes están sosteniendo y conteniendo desde lo asistencial toda la violencia social y la desestructuración de los modelos familiares (Liendro, C.; 2005), que son el primer eslabón de contención dentro de la cadena que hace al tejido social.
 
VII) Corolario Final.-
Para concluir con el artículo, sólo resta decir que cualquiera sea el suceso pesquisado, siempre deberá actuarse sobre el lugar del hecho en forma completa, metódica e ilustrativa.
Además, el personal interviniente -encabezado por el instructor judicial- deberá estar ampliamente capacitado en las distintas áreas policiaco-técnica y científica, perfeccionándose continuamente sobre las diversas disciplinas que desempeñan.
Otra cuestión, que no es menor como se viera párrafos arriba, es él método utilizado para quitarse la vida, los elementos hallados, los motivos que llevaron al sujeto pasivo a tomar esta drástica decisión y si hubo participación de terceras personas, lo que se obtendrá a través de la autopsia psicológica tras una prolija investigación.
Pero lo más importante, es que se cuide al máximo el teatro delictual, limitándose el ingreso numeroso de personas, a los efectos de no perder y/o contaminar indicios que serán de un alto valor probatorio para la identificación de las personas sometidas al proceso y el esclarecimiento de la verdad material. Si se respecta esta máxima en el estudio de la escena del crimen, y se suman otras probanzas a la encuesta, seguramente estaremos en condiciones de acercamos cada vez más al deslumbramiento de las dos precitadas cuestiones, que no son otra cosa que el objeto mismo de la criminalística.
 
Gastón Ezequiel Barreiro

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[1] Expuesto en la “1ª Jornada Internacional de Ciencias Forenses” organizado por la Asociación de Criminalística de la República Argentina (Bs. As., 13, 14 y 15 septiembre de 2006) y en el seminario “Suicidio – Muerte de causa dudosa” organizado por el Consejo de Graduados de Ciencias de la Criminalística y Forenses (Bs. As., 3 y 5 de octubre de 2006), obteniendo el segundo premio.-
[2] Con la colaboración de la Dra. Sandra López, Médica Legista.-
[3] Abogado especializado en Derecho Penal y Constitucional (U.B.A.), Especialista en Investigación Científica del Delito y en Criminología (I.U.P.F.A.), Docente Universitario (U.B.A. e I.U.P.F.A.), ex Investigador (I.U.P.F.A.) y Secretario del Cuerpo de Secretario de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal.-