MANEJO DE MUESTRAS EN CASO DE IDENTIFICACION DE RESTOS HUMANOS

MANEJO DE MUESTRAS EN CASO DE IDENTIFICACIÓN DE RESTOS HUMANOS

El estudio genético en restos humanos es pertinente solo cuando los métodos de identificación

aplicados de rutina a un cadáver (necrodactilia, carta dental, hallazgos patológicos coincidentes con la información clínica antemortem, estudios de antropología, etc.), no conducen
a una identificación fehaciente y por lo tanto es necesario confirmar su identificación a través de pruebas de ADN.

Este tipo de análisis, aunque representa uno de los aspectos más interesantes en la genética forense, es quizás también uno de los estudios más difíciles de practicar por el estado de descomposición, degradación y putrefacción de los elementos biológicos sobre los que se trabaja.


Además es uno de los análisis más costosos que se realizan dentro de un laboratorio de genética forense. Por lo tanto, su estudio solo se inicia una vez se hallan ubicado los posibles familiares del individuo NN.

El estudio se realiza con los familiares más cercanos buscando conformar un trío padre – madre – hijo, donde el individuo NN ocupa alguna de las tres posiciones. Si los padres o hijos no
están disponibles será necesario buscar otros familiares que representen completamente los linajes materno y paterno. De hecho la muestra de la madre del individuo no identificado es la referencia más confiable, o las de los posibles hijos de la víctima, si se trata de una mujer N.N.

Las muestras biológicas más adecuadas para la identificación de restos humanos por medio de análisis genético son: Hueso compacto, pulpa dentaria, médula ósea, tejidos blandos y sangre.

En todos los casos, los restos humanos deben ser remitidos inicialmente a los expertos forenses (médico, patólogo, antropólogo, odontólogo, etc.) quienes además del estudio correspondiente, deberán seleccionar y tomar las muestras aptas para el análisis de ADN así:

1 . Hueso compacto:

Se recomienda tomar un rodete de hueso largo (fémur, tibia, radio, etc.) de aproximadamente

8 a 10 cm y con un peso superior a 10 gramos. En lo posible estas muestras deben ser tomadas por un antropólogo, una vez haya realizado el estudio antropométrico del

cuerpo. Si aún no se ha realizado este tipo de estudio se debe tener la precaución de no fragmentar totalmente la pieza ósea en cuestión y para evitarlo se recomienda tomar solo

medio rodete o lo que comúnmente se conoce como una cuña del hueso, teniendo en cuenta las dimensiones requeridas para el estudio genético. Si no se cuenta con huesos

largos es posible enviar fragmentos de hueso con un peso siempre superior a los cinco gramos (5 g).

2 . Pulpa dentaria:

Si la pieza dental no presenta ningún tipo de orificio, tratamiento odontológico o daño por caries. Las piezas que ofrecen mejores resultados son los molares.
3 . Médula ósea:

Si el cadáver no se encuentra aún en estado de descomposición, se debe manchar la médula ósea del esternón sobre una tela de algodón o gasa estéril, dejarla secar, embalar debidamente y enviar para su estudio.

4 . Tejidos blandos:

Músculo esquelético preferiblemente, tomando siempre de las partes más internas 2 a 3  cm3, si el cadáver no presenta signos de avanzada descomposición.
5 . Sangre:

Si el cadáver no se encuentra aún en estado de descomposición, se puede tomar una muestra de sangre de 4 a 5 ml en tubo estéril con anticoagulante EDTA y hacer una

mancha de aproximadamente 5 cm de diámetro, en tela de algodón o gasa estéril, dejándola secar.

La selección de las muestras dependerá del estado de preservación de los restos.

Como parámetro de calidad en el estudio genético, es indispensable analizar mínimo dos (2)

muestras por cuerpo, sobre las cuales se debe obtener exactamente el mismo perfil de ADN.

Por lo tanto, se recomienda enviar como mínimo tres (3) muestras seleccionadas de acuerdo al estado de preservación del cadáver y siguiendo las indicaciones antes mencionadas.

La situación más difícil es la de identificar restos humanos incinerados. En estos casos es necesario seleccionar piezas dentarias que conserven íntegras su corona y raíces, esperando que la pulpa dentaría no esté comprometida. Otra opción es buscar elementos óseos parcialmente quemados.

Cuando se trata de identificar dos o más cuerpos provenientes de un mismo sitio, las muestras óseas solo deben tomarse una vez que el antropólogo haya individualizado y clasificado las piezas.

En general cada muestra debe almacenarse independientemente en frascos o bolsas plásticas separados y estériles, sin ningún tipo de pr preser eser eservativo, vativo, en congelación y debidamente rotulados. Bajo estas condiciones se puede evitar la contaminación por material biológico foráneo y se disminuye la descomposición adicional de las piezas.

El material procedente del individuo NN sólo se procesará cuando se cuente con las muestras de sangre de familiares requeridos para la identificación mediante el análisis genético, para las cuales se deben tomar de 5 a 7 ml, en un tubo Vacutainer® con anticoagulante EDTA. Además

de los tubos de vidrio, es indispensable que siempre se envie una mancha de sangre, tomada sobre gasa o tela de algodón límpio y dejada secar, para evitar que las muestras se pierdan si estos se rompen durante el transporte.

En caso de no tener estos tubos con anticoagulante EDTA, puede tomarse la muestra con jeringa e inmediatamente hacer una mancha sobre gasa o tela de algodón muy limpia, la cual se deja secar y se embala.

Las muestras de referencia de los familiares, deben ser tomadas por profesionales forenses o de los servicios de salud, debidamente entrenados (médicos, enfermeras, bacteriólogas, etc.)

Antes tomarles la muestra, se debe confirmar su identificación; además se deben enviar anexo al oficio petitorio fotocopia del documento de identidad, huella del índice derecho (o de los diez dedos en caso de ser indocumentado) y, de ser posible, una fotografía.

Finalmente insistimos en que el proceso de identificación de restos humanos por pruebas genéticas, debe ser parte de un trabajo interdisciplinario e interinstitucional en forma

colaborativa; además, que el resultado final de la prueba de ADN debe ser valorando en conjunto con todos los otros hallazgos de interés en la investigación forense.